lunes, 21 de septiembre de 2015

¿QUÉ ES LA PSICONEUROINMUNOLOGÍA ?


Desde hace relativamente pocos años se viene desarrollando una nueva disciplina científica denominada Psiconeuroinmunología (PNI). Este campo del conocimiento explora las interconexiones puestas en evidencia, a través de diversos estudios entre los sistemas nervioso, inmunológico y endocrino. Tanto el sistema inmunológico como los sistemas cardiovascular y nervioso han sido estudiados en forma aislada e incluso como sistemas autónomos y es recientemente con los avances de la medicina experimental, que se ha tendido hacia la integración en el estudio de dichos sistemas, especialmente a partir de la descripción de los efectos del stress sobre la inmunidad o la capacidad de respuesta defensiva del organismo ante los ataques de virus, hongos o bacterias. Hoy en día es conocido que el SNC desempeña un significativo papel en la regulación del sistema inmunológico (SI) y existe una reciprocidad en el control del cerebro por el SI.

La PNI ha planteado el desafío de tratar la mente y el cuerpo como una unidad en la cual es posible estimular la denominada farmacología humana, para de esta manera influir en el sistema inmunológico y en los mecanismos que permiten afrontar la condición de enfermedad; pudiendo hacer posible desde una mejor calidad de vida hasta la sanación.

Los estudios sobre el efecto del estrés sobre el sistema inmune han permitido el conocimiento de la compleja interacción entre los sistemas nervioso, endocrino e inmunológico. Un evento estresante de orden físico, ambiental o emocional induce una respuesta fisiológica alterada, básicamente por los altos niveles de ACTH y cortisol, lo cual tiende a afectar la funcionalidad del sistema inmune y/o crear la percepción en el individuo de ver menoscabada su capacidad de afrontar ese evento; así como, potenciar la vulnerabilidad a una serie de enfermedades de alto riesgo, tales como cáncer, enfermedades autoinmunes y diversas alteraciones endocrinas.

La Psiconeuroinmunología plantea diversos desafíos, por una parte a los individuos que buscan la verdad en los avances del conocimiento científico y por otra, a aquellas personas que la buscan desde su experiencia existencial.

La salud y la enfermedad con la Psiconeuroinmunología ya no pueden ser vistas con aquella lógica reduccionista y mecanicista, que consideraba al cuerpo como una máquina, a la enfermedad como averías de la máquina, a la intervención del médico o los profesionales de la salud como los reparadores de la máquina y la salud como la ausencia de averías o enfermedades.

Los avances del conocimiento científico han ido, paulatinamente configurando una racionalidad científica más integradora, que incluye la dialéctica de los fenómenos a conocer y la red de relaciones que se generan entre ellos. Diversas disciplinas científicas han debido buscar el terreno común sobre el cual es posible construir una perspectiva nueva de la salud y la enfermedad y en esencia de la existencia humana, dando lugar a un enfoque trasndisciplinario.       
                                              
La Psiconeuroinmunología  lleva a considerar la salud como un camino que  se puede elegir y la enfermedad como una equivocación que es posible enmendar de algunas formas. Esto representa diversas repercusiones no suficientemente exploradas para la prevención y cuidados de la salud, y ha señalado rumbos esperanzadores a quienes han enfermado.

martes, 2 de junio de 2015

LA CONEXIÓN ENTRE LA MENTE Y EL SISTEMA INMUNE (O LA PSICOLOGÍA PROFUNDA DE LA ENFERMEDAD)

SABEMOS ACTUALMENTE QUE NUESTROS ESTADOS DE ÁNIMO SE REFLEJAN DIRECTAMENTE EN NUESTRA SALUD. LA EUDAIMONIA, O LA FELICIDAD QUE VIENE DEL ALMA, PARECE SER CLAVE PARA REGULAR NUESTRO SISTEMA INMUNE. ENCONTRAR LA EUDAIMONIA, SIN EMBARGO, SIGNIFICA HACERLE CASO A NUESTRO DEMONIO PERSONAL

POR: ALEJANDRO MARTINEZ GALLARDO - 17/02/2015 

En los últimos años se ha gestado discretamente un cambio de paradigma dentro de la ciencia, de la visión cartesiana reduccionista que cortaba de tajo y dejaba prácticamente incomunicados al cuerpo y a la mente, a una visión más inclusiva que considera a la mente-cuerpo como un solo sistema, dando lugar a disciplinas como la psicobiología y la psiconeuroinmunología. Hoy sabemos que nuestro estado de ánimo y los estímulos del medio ambiente tienen efectos a nivel celular y son tanto o más importantes para nuestra salud que nuestros genes. “La vieja forma de pensar era que nuestros cuerpos eran entidades biológicas estables, fundamentalmente separadas del mundo externo”, dice Steven Cole, profesor de medicina en UCLA. “La nueva forma de pensar es que hay mucha más permeabilidad y fluidez… nuestro cuerpo es literalmente producto del ambiente”.

Cole, moviéndose entre la ciencia dura y aspectos más suaves relacionados con el problema mente-cuerpo, intenta determinar la relación entre la “felicidad” y el sistema inmune: cómo reaccionan nuestras células a lo que subjetivamente llamamos felicidad –acaso así haciendo tangible lo que es la felicidad, encontrando una respuesta a esta pregunta milenaria, aunque desde la perspectiva parcial del cuerpo. Su trabajo lo ha llevado a concluir que “no hay duda de que la mente y el sistema inmune están ligados”.

Entrevistado por The Atlantic, Cole explica que experiencias negativas como un diagnóstico de cáncer, la depresión, el estrés, el trauma o el bajo estatus socioeconómico pueden afectar el perfil inmunológico de una persona. Mientras que “las experiencias de felicidad y la percepción de esas experiencias en nuestro cuerpo” también producen cambios en nuestros mecanismos biológicos, en sentido opuesto. Cole cree que estas experiencias positivas son capaces de “remodelar nuestra composición celular”. La antigua división entre el cuerpo y la mente que ha acompañado a la ciencia en sus fundamentos por tantos años no se sostiene: es prácticamente imposible que lo que experimentamos mentalmente (la imaginación, la fantasía, el pensamiento, la preocupación, la relajación, etc.) no se reproduzca también en nuestro cuerpo. Nuestra salud no sólo es el cúmulo de todas las cosas que hemos ingerido, el ejercicio que hemos hecho y nuestros genes, es también el agregado de todos nuestros pensamientos y emociones (nuestro cuerpo no puede dejar de registrar todos nuestros estados mentales y reprogramar su funcionamiento a partir de ellos).

Lo anterior nos obliga a tomar responsabilidad por lo que ocurre en nuestra mente en cada momento, sabiendo que, si bien un pensamiento aislado o una emoción fugaz seguramente no debilitarán significativamente nuestra inmunidad, la reiteración de nuestras formas de pensamiento y reacciones ante el mundo van apilándose y forman los hábitos y patrones que llegan a determinar nuestro estado de salud general.  O, con mayor precisión: “La experiencia que tienes hoy afectará la composición de tu cuerpo por los siguientes 80 días, porque eso es el tiempo que tardan la mayoría de los procesos celulares”, dice Cole. ¿A cuántos ciclos de estrés de 80 días hemos sometido a nuestras células?

“Una de las funciones principales de la mente es mantener a bajo nivel la presión o, mejor dicho, no permitir que la presión surja desde un inicio”, dijo Manly P. Hall hablando sobre el “simbolismo psíquico” de algunas enfermedades. La mente, que es el regulador metabólico de todos los procesos orgánicos y que tiene la capacidad compensar desequilibrios con su acción intencional. Hay diferentes formas de ver esto, si tenemos una tendencia a estresarnos fácilmente puede generar el efecto contrario al deseado. Este pensamiento de preocupación o de frustración o de odio, puede ser la semilla de una enfermedad. Tal vez puedas percibirlo como una presión extra sobre tu facultad mental. Esto es una forma de verlo. Por otro lado también puede ser un respiro: tu actitud, la forma en la que empleas tu mente y la forma en la que te relacionas con el mundo puede sanarte, puede afectar directamente tus células y mantenerlas, como una brigada de soldados contentos y comprometidos con la estrategia nacional, atacando a tus enemigos verdaderos (y no volteándose en tu contra).

El sistema inmune tiene dos funciones principales: luchar contra agentes infecciosos y causar inflamación. La primera función es la que consideramos generalmente como señal de que nuestro sistema inmune funciona adecuadamente, en equilibrio, dirigiendo sus esfuerzos contra las verdaderas amenazas que enfrenta nuestro cuerpo. La segunda función, la inflamación, es en muchos casos el resultado de una sobreexcitación, ya sea porque introducimos agentes tóxicos a nuestro cuerpo (o que nuestro cuerpo percibe como tóxicos, como es el caso de algunas intolerancias a alimentos que la mayoría de las personas toleran perfectamente bien) o porque el estrés hace que nuestro sistema inmune esté combatiendo permanentemente enemigos invisibles –ya no virus o bacterias, sino quimeras. Además de causar dolor, la inflamación puede también dañar el tejido y con el tiempo producir una cuantiosa serie de enfermedades (la mayoría de las enfermedades neurodegenerativas, por ejemplo, parecen estar ligadas a la inflamación).

Cole realizó un estudio con sus alumnos cuyos resultados nos ayudan a entender mejor cómo nuestra psicología profunda se refleja en nuestro sistema inmune. En el estudio se midió el perfil de expresión genética de un grupo de voluntarios y se relacionó con una evaluación de sus niveles de felicidad. Un mejor perfil de expresión genética significa una mayor respuesta antiviral  y una menor respuesta inflamatoria. La evaluación de la felicidad se dividió en la felicidad “hedonista” y la “felicidad eudaimónica”. “La felicidad hedonista es el estado de ánimo elevado que experimentamos después de un evento de vida externo, como comprar una casa”, la eudaimonia es “nuestro sentido de propósito y dirección en la vida, nuestro involucramiento con algo más grande que nosotros”, explica Cole. El estudio mostró una notable correlación entre la felicidad eudaimónica y un mejor funcionamiento del sistema inmune.

El estrés crónico que reduce la felicidad eudaimónica, sugiere Cole, puede acortar la longitud de los telómeros, mientras que actividades como la meditación mantienen la longitud de estos extremos de los cromosomas que protegen el ADN e intervienen en el proceso de envejecimiento. En otras palabras, la disciplina mental es capaz de afectar la expresión genética y regular la función de nuestro ADN. Para quienes dudaban de los poderes mentales del ser humano.












































LA EUDAIMONIA O EL BUEN DAIMON

Personalmente, lo que me interesa más del trabajo de Cole es el énfasis en la eudaimonia. Su investigación sugiere que la salud humana y la felicidad misma es el resultado de un buen daimon (que es lo que significa la palabra eudaimonia). El daimon es, según se creía en la antigua Grecia, el genio o acompañante del alma (a veces usado como sinónimo mismo del alma o psique). “Ethos anthropos daimon“, escribió Heráclito, una frase que se traduce como “Carácter es destino” (daimon siendo destino en este caso). Quizás nos ayude más leer la frase de Heráclito, llamado a veces el primer psicólogo,  de esta forma: “El carácter del hombre es su daimon” y de aquí intentemos entender lo que es el daimon.

Marsilio Ficino, el gran traductor de Platón y otros clásicos, eje del renacimiento cultural de la Florencia de los Medici, dijo sobre el daimon: “Quien descubre su propio genio a través de estos medios encontrará su trabajo natural y al mismo tiempo encontrará su estrella y su daimon. Siguiendo este camino obtendrá felicidad y bienestar”. Ficino, quien fuera conocido como “doctor del alma”, amplía aquí el sentido de la frase inscrita en Delfos “Conócete a ti mismo”; conocerse a sí mismo es conocer también a nuestro daimon, nuestro destino, ese espíritu que nos guarda y asedia, como “una estrella flotando sobre la tierra, conectada al alma”, según Plutarco. Patrick Harpur, quien ha relacionado al daimon con las apariciones numinosas de diferentes épocas –desde los ángeles y las hadas a los OVNIs- dice que una forma de imaginarlo es como “una manifestación personal de un dios impersonal”.

Jung en sus memorias dice “estoy consciente de que ‘mana’, ‘daimon’ y ‘dios’ son sinónimos del inconsciente -eso es otra forma de decir que sabemos tan poco de los primeros como del último”, y agrega que el inconsciente era un término “científico” y “racional” mientras que el “uso del lenguaje mítico”[el daimon] da “ímpetu a la imaginación”. Jung siempre quiso mantener legitimidad científica en su trabajo, por eso la predilección por el “inconsciente”. Aquí podemos también aplicar su máxima de “hacer consciente el inconsciente”, la clave de su psicología, lo que significaría en otras palabras familiarizarnos con nuestro daimon –para no ser inconscientemente víctima de su tiranía.

Quizá la fuente más reputada de lo que es el daimon es Platón, quien nos introduce al daimon de Sócrates, el cual lo encaminó a aceptar el destino de la cicuta y quien, relatando el mito de Er, señala que cada alma tiene asignada un daimon personal que se encarga de vigilar el cumplimiento de la “porción” entregada por las Moiras al nacer. El daimon es el encargado de administrar y atender ese destino que hilan las Moiras; un destino que no es del todo fatal, ya que fue elegido por nuestra alma. En cierta forma las Moiras (que son la porción misma que se entrega) se transpolan al daimon, que a su vez es el representante de Ananké, la diosa de la necesidad, madre de las Moiras. Por lo que podemos entender que nuestro destino es aquello necesario –lo que no podemos ceder, por eso el celo voraz del daimon.

En su libro The Soul’s Code, James Hillman argumenta que la enfermedad es una de las formas con las que el daimon –que participa en el arquetipo del trickster– nos obliga a reflexionar y recapacitar para que no nos desviemos del camino de nuestra necesidad interna, del llamado profundo de nuestra vida, acaso procrastinando por campos hedonistas o en la ambición de la materia (lo del ego es el principio del placer, lo del alma es el compromiso teleológico). En otra parte Hillman escribe: “Hasta que el alma no obtiene lo que quiere, nos enferma” (si estas inflamado no vayas al doctor, pregúntale al daimon). Manly P. Hall, el erudito fundador de la Philosophical Research Society, observa que la mayoría de las personas enfermas con las que ha tratado “no tienen una salida creativa”, como si el hecho de no estar creando, de no estar cumpliendo con su propia obra magna, cualquiera que sea (y muchas veces es el servir a alguien más), les restara fuerza vital (fuerza vital que que se alimenta de dar al mundo fuerza vital). “Negar la propia alma es ser separado de la fuente misma de la vida”, escribe Patrick Harpur, en El fuego secreto de los filósofos.

Tiene sentido, las personas que manifiestan vivir una vida plena de significado –no de placer e indolencia– son también más sanas, no tienen un sistema inmune que lucha en su contra, activando tormentas inflamatorias con fuego cruzado. El sentido es la salud, el dao. Seguir el camino que marca el daimon, vivir en armonía con el pleito de nuestra alma, parece ser la clave de la salud. Todo lo demás son pequeñeces. Esto también hace eco de lo que descubrió Viktor Frankl en los campos de concentración de la Segunda Guerra Mundial: los hombres con sentido existencial no se desmoronaban ante las abyectas condiciones que enfrentaban. Howard Bloom, en su libro Global Brain, señala que los seres humanos somos “hipótesis que lanza la mente global” y aquellos hombres-hipótesis del devenir planetario que prueban ser valiosos para esta mente global, este superorganismo del cual somos como las células individuales, son recompensados, gratificando su sistema inmune con una cascada de dulces y relajantes drogas orgánicas: hormonas, neurotransmisores como dopamina, GABA, serotonina o el butirato (esa mantequilla de los dioses de la inmunidad); los otros, cuyas vidas no tienen significado para el colectivo, son inundados con cortisol y adrenalina y llevados a los ghettos y gulags de la inmunodeficiencia.

¿Acaso es que la vida, ese misterioso hálito, es una dádiva, una bendición y una manda que es depositada en nosotros y que podemos perder en cualquier momento; que perdemos cuando nos alejamos de ese misterioso destino que nuestra alma eligió entre las estrellas?

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Ángel García 

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sábado, 25 de abril de 2015

LA RELACIÓN ENTRE EL INCONSCIENTE Y EL ORIGEN DE LA ENFERMEDAD

Hasta que no hagas al inconsciente consciente,  seguirá dirigiendo tu vida
y lo llamarás destino”.


-Carl Jung-

Nuestra vida es el resultado de la suma de todas las creencias y programaciones grabadas en nuestra mente inconsciente.

Podemos hacer multitud de acciones sin tener que pensar conscientemente en ellas mientras que las hacemos. Caminar, respirar, sudar, parpadear e incluso podemos llegar a conducir un coche durante un rato sin ser conscientes de ello. ¿Por qué? Porque lo tenemos programado en nuestro inconsciente, ya sea por herencia, por repetición e incluso por otros factores.

La ventaja de esto es que no tenemos que estar constantemente pensando en todo lo que tiene que hacer nuestro cuerpo. Pero el gran inconveniente es que a veces, por una interpretación incorrecta por parte de nuestro inconsciente, se crean programaciones que degeneran en problemas y enfermedades.


Esto se debe en gran parte a que nuestro inconsciente no distingue entre lo que es real y lo que es imaginario. Si nos imaginamos ahora mismo exprimiendo medio limón dentro de la boca, notaremos inmediatamente como empezamos a segregar saliva, ¿verdad que sí?

Esto ocurre debido a que todas las imágenes que ve nuestro inconsciente en realidad proceden de impulsos nerviosos, ya tengan un origen real o imaginario. Las imágenes que captan nuestros ojos se transforman en impulsos nerviosos que viajan a través del nervio óptico hasta la zona correspondiente del cerebro donde se recrea la imagen. Lo mismo ocurre con nuestros pensamientos, se recrean en la zona correspondiente del cerebro para que podamos verlos.

Así pues, nuestro inconsciente, se cree como verdaderos nuestros “montajes” imaginarios. Recordemos el limón y la saliva. Pero esto va más allá de las imágenes. Ocurre lo mismo con las palabras que utilizamos y con las situaciones que vivimos.

Si nos fijamos en dos personas distintas haciendo un mismo trabajo, y a una de ellas le encanta hacerlo y a la otra le disgusta, nos daremos cuenta de que a  la primera a penas le ha desgastado y a la segunda le ha supuesto un desgaste considerable. Desde el punto de vista biológico, esto resulta totalmente ilógico. Pero aquí es cuando entra en juego la interpretación del inconsciente sobre la situación de cada persona.

Si la primera, aunque no lo llegue a pensar, lo asocia con una situación que le recarga las pilas, entonces su inconsciente se encargará de poner en marcha todos los mecanismos biológicos para poder estar al 100%. Pero la segunda, aunque tampoco llegue a pensarlo, si lo asocia con algo muy pesado, entonces su inconsciente, para evitar que cargue tanto tiempo con un “peso” que interpreta como real, reacciona de la manera más apropiada para que no disponga de los recursos necesarios para tener que “cargar” con tanto peso durante mucho tiempo y resulte lastimado con el supuesto sobre esfuerzo.


Hay un método de terapia que se llama Biodescodificación que trabaja para deshacer la confusión que se crea en nuestra mente entre lo que es biológico y lo que es emocional.

Nuestro inconsciente, entre otras cosas, tiene la misión de protegernos y proporcionarnos todo aquello que necesitamos. La manera que tiene de hacerlo es regulando todas nuestras funciones biológicas para que siempre tengamos de todo: oxígeno (respiración automática), alimento (hambre), refrigeración (sudor), etc.

El problema surge cuando no expresamos nuestras emociones sobre lo que nos ocurre, entonces el inconsciente lo interpreta como algo de carácter biológico. Si yo digo o pienso que mi trabajo es muy pesado, aunque sea un trabajo que no requiera de esfuerzo físico, entonces nuestro inconsciente puede interpretar que lo estamos cargando literalmente y provocarnos  dolor  de  espalda para  que  dejemos de cargar con él  y  poder descansar.
El dolor en si no es real, ya que por ejemplo hay gente que le han amputado un pie y a veces aún le duele aunque ya no lo tenga. Por lo tanto el dolor tan solo es un mecanismo de protección que sirve para avisar de que algo anda mal.

En lugar de vivir la vida emocionalmente, solemos vivirla biológicamente. “Me duele su actitud, me cuesta digerir esta situación, mi marido me asfixia, lo que ha hecho me ha destrozado, me hace daño a la vista ver estas cosas, etc”. En todas estas frases de como interpretamos la vida, se usan verbos con un significado biológico en lugar de usar los que realmente corresponderían, es decir, con un significado emocional, por lo tanto nuestro inconsciente lo malinterpreta como algo biológico y provoca las consecuentes reacciones biológicas: dolor, acidez para poder digerir mejor, tumores en los pulmones para poder aumentar la superficie respiratoria y poder respirar mejor, problemas de visión para evitar ver aquello que no queremos ver, etc.


Las enfermedades suelen manifestar soluciones biológicas y que en realidad no tienen un origen biológico, sino emocional, y que incluso algunas concluyen con la muerte, porque aunque se  produzca un tumor en donde sea para aumentar la capacidad biológica de ese órgano, jamás llegará a satisfacerla porque en realidad no existe esa necesidad biológica, ya que es una situación emocional no expresada e interpretada erróneamente por lo tanto como biológica.

Así pues, lo que hace la biodescodificación, bajo mi punto de vista,  es buscar esas emociones no expresadas para poder trabajarlas y poder deshacer la confusión que existe  en  nuestro  inconsciente  sobre  la  situación  relacionada  con las enfermedades. Al expresar la emoción reprimida, el inconsciente se da cuenta de que no era una cuestión biológica y entonces deshace todas las modificaciones biológicas que había producido por error.

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Ángel García 

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La Bio Guia

martes, 2 de diciembre de 2014

PSICONEUROINMUNOLOGÍA, Y LA RELACIÓN ENTRE SALUD Y ENFERMEDAD


La Psiconeuroinmunología o, más propiamente, la Psiconeuroendocrinoinmunología, es una rama de la Ciencia que estudia las complejas interrelaciones entre el sistema nervioso central (que controla procesos biológicos y psíquicos) y el sistema inmune. Esta doctrina se basa en la idea de que el establecimiento y el curso de una enfermedad dependen de dos factores: la agresividad del agente patógeno y el grado de vulnerabilidad del organismo atacado; dependiendo esto último del estado, tanto físico como psíquico, del organismo en cuestión.
Por supuesto, esta idea no es nueva. Hipócrates afirmaba que las enfermedades son consecuencia de un desequilibrio de los "humores internos", que puede ser restablecido con buena alimentación y con reposo del cuerpo y del espíritu. Pasteur, que creía en el origen microbiano de las enfermedades, pasó media vida discutiendo con Claude Bernard (que defendía la importancia del equilibrio del medio interno) acerca de este asunto para, en su lecho de muerte, darle la razón: "Bernard tiene razón. La semilla no es nada; el terreno lo es todo". Sin tener que recurrir a científicos ni a profesionales de la Medicina, las ideas en que se basa la Psiconeuroinmunología pueden encontrarse incluso en el saber popular. Como muestra, valgan la madre que insta al niño a tomarse la leche para "estar fuerte y no coger enfermedades", o el chiste en el que el médico le dice al paciente: "Sus achaques no tienen importancia; procure tener dinero y verá cómo se le pasa todo". En el primer ejemplo, se trata de fortaleza física frente a la enfermedad; en el segundo, de fortaleza psíquica o anímica.
La historia de la Psiconeuroinmunología no es tan corta como, en un principio, podríamos sospechar. Ya en los años veinte, los investigadores soviéticos Metalnikov y Chorine, habían empezado a trabajar en el condicionamiento de respuestas inmunológicas. Sin embargo, esta ciencia no comenzó a ser conocida hasta los trabajos de Ader y Cohen, en la década de los setenta, y la publicación de una monografía sobre el tema por parte de Ader, en 1981 [Ader, R., Psychoneuroimmunology, New York Academic Press (1981)].
En su primer experimento, publicado en 1975 [Ader, R. and Cohen, N. , Psychosom Med, 37(4):333-340 (1975)], Ader y Cohen, que estaban estudiando los efectos producidos por la variación del volumen de una solución de sacarina en la adquisición y extinción de una aversión gustatoria condicionada, inyectaban intraperitonealmente ciclofosfamida, -un estimulador aversivo incondicionado-, 30 minutos después de que las ratas ingirieran 1, 5, ó 10 ml. de solución de sacarina. La magnitud de la respuesta condicionada, y su resistencia a la extinción, fueron directamente proporcionales al volumen de solución edulcorada consumida, por la asociación "sacarina-ciclofosfamida". De forma imprevista, algunos de los animales condicionados murieron en el transcurso de las pruebas de extinción, en las cuales se suministraba a los animales sacarina sin inyectarles ciclofosfamida. La importancia de esta observación se puso de manifiesto al averiguarse que la ciclofosfamida posee propiedades inmunosupresoras, lo que sugirió que, durante las pruebas de extinción, los animales habían reaccionado con inmunosupresión condicionada al serles suministrada la sacarina; inmunosupresión que les habría hecho vulnerables a los microorganismos patógenos oportunistas existentes en el medio y que, en condiciones normales, son combatidos por el sistema inmune. De esta forma, Ader y Cohen obtuvieron, antes de su aparición en Occidente, un modelo de laboratorio de uno de los mecanismos de actuación de la llamada "plaga del siglo XX": el SIDA.
El medio ambiente es un estimulador que en ciertas
circunstancias expone al cuerpo en un estado de
inmunosupresión, lo que lo convierte en un receptor
de enfermedades oportunistas.

Los experimentos de Ader y Cohen fueron replicados, obteniéndose siempre resultados similares: la simple asociación de la ingesta de sacarina y fármaco inmunosupresor confirió a la solución de sacarina la propiedad de provocar una respuesta inmunosupresora.
El fenómeno de inmunosupresión condicionada ha sido observado por otros autores en múltiples experimentos, demostrándose que los cambios de reactividad inmunológica producidos por condicionamiento pueden darse en ambos sentidos, es decir, tanto disminuyendo como intensificando la respuesta inmune.
Russell y colaboradores aportaron nuevos datos en favor de la capacidad de aprendizaje del sistema inmune al demostrar que la liberación de histamina (considerada como uno de los mecanismos autorreguladores de las respuestas de inflamación e inmunidad), puede producirse ante la presentación de un estímulo neutro que haya sido previamente asociado a una agresión inmunológica [Russell M. et al., Science, 225:733-734(1984)].
Smith y McDaniel [Smith, GR Jr and McDaniel, SM. Psychosom Med, 45:65-70 (1983)] estudiaron la posibilidad de que puedan atenuarse por condicionamiento (o aprendizaje), en humanos, las respuestas inflamatorias mediadas por los linfocitos T. Smith y McDaniel trabajaron con un grupo de 7 voluntarios, que se sometieron seis veces a la prueba de la tuberculina (una sustancia que produce una respuesta inflamatoria al ponerse en contacto con la piel) a intervalos mensuales. En las cinco primeras sesiones, una enfermera, que desconocía el protocolo experimental, efectuó siempre la misma operación: uno de los brazos de cada individuo (siempre el mismo) era tratado con una sustancia procedente de un vial de color verde (tuberculina) mientras que el otro se trataba con una sustancia procedente de un vial de color rojo (placebo). En la sexta sesión, el contenido de los viales fue invertido sin conocimiento de la enfermera, de forma que la tuberculina fue aplicada al brazo que anteriormente recibía el placebo y viceversa. El tratamiento con placebo (solución salina), no produjo inflamación, -cosa que también hubiera podido esperarse-, pero el brazo que recibió la tuberculina, y que antes recibía placebo, experimentó una respuesta inflamatoria mucho menor de lo normal (es decir, muy inferior al nivel de respuesta registrado en las sesiones precedentes).
Kiecolt-Glaser y sus colaboradores publicaron en 1985 [Kiecolt-Glaser et al., Health Psychol, 4:25-41 (1985)] los resultados de un experimento en el cual pudieron mejorar, mediante intervención psicológica, las funciones del sistema inmune de un grupo de ancianos. Asignaron, al azar, a 45 residentes de varias instituciones geriátricas a uno de estos tres tratamientos:

*  1.- Adiestramiento en relajación progresiva
*  2.- Contacto social
*  3.- Ninguna intervención

A los tres grupos se les extrajo sangre antes del tratamiento, al finalizar el mes de tratamiento, y un mes después de haber finalizado el mismo. Los resultados del experimento mostraron un significativo aumento de la actividad de los células K citotóxicas ("Killers") en los individuos del primer grupo al terminar el mes de tratamiento, en tanto que no se apreciaron cambios significativos en los componentes de los otros dos grupos. En el primer grupo, después de un mes sin practicar los ejercicios de relajación, la actividad de las células K volvió a su nivel basal.
Son muchos más los experimentos que, junto con un sinfín de observaciones (aparición de enfermedades inmunes asociadas a enfermedades mentales, mayor incidencia de enfermedades en personas que padecen estrés o depresiones, etc.), han llegado a demostrar que, tal y como propugna la Psiconeuroinmunología, todas las enfermedades son el resultado de la interacción entre múltiples factores, que dependen tanto del agente agresor (bacteria, virus, agente carcinógeno), como del organismo agredido (genéticos, endocrinos, nerviosos, inmunológicos, emocionales y comportamentales). Todos estos datos, y en particular el experimento de Kiecolt-Glaser y colaboradores, abren nuevos caminos en Medicina clínica, al ofrecer la posibilidad de poder usar el tratamiento psicológico como apoyo al tratamiento farmacológico, o incluso como tratamiento preventivo de la enfermedad.

Creado por:
Ángel García 
Tomado de:  
Texto científico creado por, Leonor Santos Ruiz y María Santos Ruiz
  

(Leonor Santos Ruiz es becaria predoctoral en el Departamento de Biología Celular y Genética de la Universidad de Málaga. María Santos Ruiz es profesora de Enseñanza Secundaria en el IES José Cadalso en San Roque (Cádiz))

sábado, 15 de noviembre de 2014

PSICONEUROINMUNOLOGÍA: Terapia Regenerativa


La Psiconeuroinmunología es una ciencia que nació en los años 70 gracias al trabajo del Dr. Robert Ader de la Universidad de Rochester (EUA). Se basa en conocimientos aportados por el fisiólogo ruso Iván Petrovich Pávlov (premio Nobel de Fisiología y Medicina).


Estudia la relación entre la mente, el cerebro, el sistemainmunológico, el sistema Nervioso y el sistema endocrino, sin dejar de lado las relaciones sociales del individuo. Explica las diferentes respuestas que se producen cuando se liberan los neurotransmisores, hormonas y otras sustancias que actúan como moléculas mensajeras entre los sistemas.

La mayoría de las patologías tienen su origen en desequilibrios hormonales de algún tipo, factores emocionales y estrés excesivo entre otras. Pero destacan las alteraciones digestivas y el déficit vitamínico y mineral a causa de unos hábitos alimentarios erróneos.

Su objetivo principal es mejorar la calidad de vida de la persona, tratándola, no solo des aquello que hace evidente su enfermedad, sinó indagando en el propio individuo aspectos como sus hábitos alimenticios y personales, causa de la alteración, estado psicosocial, emocional, ...

Es un medio que ayuda a prevenir enfermedades y a establecer las pautas necesarias para conseguir un estado óptimo de salud tanto a nivel físico como psicológico. Esta terapia ayuda al propio cuerpo a luchar y a defenderse, haciéndose más fuerte y facilitandole la materia prima necesaria para regenerarse.

Otra herramienta importante, y de resultados sorprendentes, es la Nutrición Ortomolecular. Concepto que fue introducido por el prestigioso investigador y catedrático de química de la Universidad de Stanford, Linus Pauling (1994) premio Nobel de Química y de la Paz. La Nutrición Ortomolecular trata al individuo des de su origen, es decir, des de las células.


Uniendo estas técnicas con la Nutrición Ortomolecular, Ozonoterapia, Fisioterapia y Osteopatía avanzada, la Acupuntura, la Activación Muscular, la Psicología y con el ejercicio físico adecuado, tenemos delante una magnífico sistema de tratamiento para combatir los complejos desequilibrios del organismo, de la forma más moderan, natural y eficazmente posible.

jueves, 13 de noviembre de 2014

PSICONEUROINMUNOLOGÍA: LA APARICIÓN DE TUMORES, POR EVENTOS ESTRESANTES

Soy Ángel García, Estudiante de Psicología Clínica en la Universidad Técnica de Manabí, y es para mí un placer enorme mostrarles el siguiente video, en donde la Dra. Marianela Castés (eminente personalidad en el mundo latinoamericano en el área de la tan escaza rama de la Psiconeuroinmunología), nos explica, como un sin número de eventos chocantes, alterantes, y de estrés, pueden conllevar al cuerpo humano, a sufrir, muchas enfermedades.

Quizás desde la perspectiva psiconeuroinmunológica se pueda explicar el origen muchos tipos de enfermedades y de canceres que de forma súbita sufrimos. Es decir desde este punto podemos decir que muchas de las enfermedades de tipo tumoral, infecciosas, etc etc, tienen su origen psicosocial, es decir, el entorno en donde vivimos y los eventos que en este ocurren determinan las causas, de enfermedad pero también de salud que un individuo vive.       

No se pierdan por nada del mundo está magistral, explicación de cómo la Dra. Marianela Castès (Venezuela), descubrió esta gran ciencia, de la cual yo particularmente estoy capitalmente enamorado.   






Creado por: Ángel García